Hace un tiempo, en el año 2010, encontré en el CLUBE DE CRIAÇÃO DE SÃO PAULO un artículo escrito por Eco Moliterno sobre una hipotética conversación entre Saramago y Dios con motivo de su reciente muerte. La de Saramago.
Está escrito en portugués, aquí os dejo una traducción y si quieres ver el artículo original clica aquí.
"Me imagino que esto fue la reciente reunión
entre dos viejos enemigos: Saramago y Dios.
- Bienvenido, José. ¿Sorprendido de verme?
- Pues estoy más sorprendido de que haya sido aceptado aquí en el cielo.
- ¿Por qué no te aceptaría?
- Como siempre desprecié al Señor y este lugar.
- Pero es eso exactamente por lo que estás aquí.
- Para una venganza póstuma tuya, supongo.
- No, al contrario: para que yo te recompense.
- ¿Me recompensas? ¿Por haber blasfemado contra el Señor y su hijo?
- Tú también eres mi hijo, José.
- Sólo me lo creo viendo la prueba del ADN.
- Y de todos mis hijos, eres uno de los pocos que nunca me pidió nada.
- ¿Te decepcioné?
- No, en absoluto. Tanto es así que te ayudé a ganar el Premio Nobel.
- ¿Votastes por mí? No sabía que fueras miembro de la Academia ...
- No voté, pero hice mis votos.
- ¿Hiciste votos? Entonces amañaste la elección de los suecos!
- No seas ridículo, José. Ahora no hay más motivos para burlarse de mí
- Bueno, pues entonces, ya que el Señor existe, exijo algunas explicaciones.
- Ha llegado tu momento para preguntar...
- ¿Por qué dejaste el mundo tal como está?
- Yo lo creé para ser de otra manera.
- ¿Entonces lo creaste para después abandonarlo?
- No lo abandoné. Lo dejé para que vosotros os encargaráis.
- El Señor lo dejó para los banqueros, para los políticos... no para nosotros.
- Lo dejé para todos, José
- ¿Pero por qué no todos tienen igual acceso a las mismas cosas?
- Al principio lo tenían. Y deberían tenerlo hasta hoy.
- Entonces, ¿por qué no intervienes?
- Yo ya hice mi parte. Ahora está en las manos del hombre.
- De los hombres millonarios norteamericanos, supongo.
-No, esos quedarán con poco.
- Bien, si esos se quedarán con poco, ¿quién se quedará con mucho?
- Tú.
- ¿Yo?
- Sí. ¿No dije que iba a recompensarte?
- Pero ¿por qué no recompensas a los niños que mueren de hambre en África?
- Porque yo no estoy hablando de una recompensa material.
- ¿Y qué tipo de recompensa merezco yo, ahora?
- La eternidad.
- ¿Cómo es eso?
- A partir de ahora, José, eres eterno.
- ¿Y qué hice para merecer esto?
- Tú te inmortalizaste. Tan simple como eso.
- Curioso: He tenido que morir para convertirme en inmortal.
- En realidad, ya eras eterno antes de venir aquí.
- Bueno, si el Señor lo dice, quién soy yo para desacreditarlo...
- Es gracioso... antes de morir tú me criticabas bastante.
- No tomes a mal, pero ahora voy a utilizar mi eternidad de otra manera. - "No tengamos prisa. Pero no perdamos el tiempo."
- Conozco que esa frase ...
- Sí, fuíste tú quien la escribió.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Debes saber que lo sé todo.
- Bueno, hasta donde yo sé, acabamos de conocernos.
- Pues yo te conozco desde que eras mecánico.
- ¿Y nunca me dijiste nada?
- Te dije sí. Tú que no oíste.
- Si hubiese escuchado, te habría oído.
- Si creyeras en mí, me habrías escuchado.
- Bueno, no vamos a convertir esto en una eterna discusión, ¿no?
- De acuerdo.
- Entonces ¿el Señor leyó todos mis libros?
- Todos.
- Me alegro de que no sea un crítico literario...
- Pues que sepas que me gustó bastante lo que leí.
- Pues no debes entender bien el portugués ...
- Sí que lo entiendo. Soy brasileño, ¿recuerdas?
- No lo sabía.
- Es porque no te debe gustar mucho el fútbol.
- En realidad no. Pero volviendo a los libros, ¿algo que escribí te irritó?
- Nada.
- ¿Ni mi falta de fe en Dios?
- José, nunca fui ese Dios en el que no creías.
- "Todos los días trato de encontrar una señal de Dios, pero no en contra."
- Sí, he leído esa frase tuya también.
- ¿Y aún así no enviaste una señal?
- Si estuvieras hablando conmigo, la habría enviado.
- Si supiera que el Señor existía, te hubiera hablado.
- "Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, fíjate."
- El Señor conoce realmente mis frases... Me sorprende, lo confieso.
- De todas las que escribiste, sólo hay una que no entendí hasta hoy. - Entonces ha llegado tu momento de preguntar.
- Es la dedicatoria de tu último libro a tu esposa Pilar.
- "A Pilar, como si dijera agua".
- ¿Esa?
- Exacto. ¿Qué quiere decir?
- Olvídalo. El Señor nunca lo entendería.
- Pero ahora tenemos la eternidad entera para que me lo expliques….
- Aún así. La eternidad es poco tiempo para que el Señor entienda eso.
- ¿Por qué?
- Porque el Señor nunca amó a una mujer.
- José, José... Tú no existes... "
Eco Moliterno - Director creativo de África (agencia de publicidad brasileña)
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